Isaías 46:4 – Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice. yo llevaré, yo soportarÉy guardaré.

La cultura de hoy tiene especial interés en los jóvenes y la juventud. La publicidad exalta la idea de que las personas se mantengan y se vean jóvenes. El mensaje es que se debe evitar a toda costa el efecto del envejecimiento.
A pesar de este énfasis, las Escrituras y la experiencia de la vida dejan ver con claridad que las personas de edad que sirven al Señor, todavía tienen mucho que contribuir. Muchos adultos de la tercera edad llevan una vida muy activa y productiva y son ejemplo de fidelidad de Dios alas generaciones más jóvenes

1-  La fidelidad de Dios

A. Nunca nos abandona- Salmo 37:23‐29
En la primera parte del Salmo 37, David habla de la manera en que el pueblo de Dios debe responder ante los malvados. Aunque hoy pareciera que los malvados son los que dominan la situación, lo cierto es que su fin vendrá acompañado de una catástrofe. Serán juzgados por su abierto rechazo a Dios y a los suyos.
Haciendo un contraste con esto, David afirma: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino” (Salmo 37:23). A pesar de lo que la vida nos traiga, el Señor estará presente para ayudar y sostener a los suyos, porque le complace hacerlo.Una persona cuyos pasos ordena Dios se mueve en la vida en busca de la voluntad y la dirección divinas para sus decisiones y oportunidades en cada aspecto de la vida. Dios le ha prometido concederle la ayuda y la dirección que necesita.
David observa también que si seguimos fielmente al Señor, El cuidará de nosotros en los tiempos difíciles. Si caemos en el camino, Dios nos puede ayudar para que no seamos totalmente destruidos (v. 24). La idea de caer comprende los sufrimientos producidos por los malva‐ dos, como lo describe anteriormente el Salmo 37. Dios sostendrá a su pueblo y lo pondrá en pie de nuevo. En el versículo 25, David se refiere a sus numerosas experiencias en la vida, puesto que ha vivido tiempos de necesidad y también de
abundancia. Dentro de esta observación señala que él nunca ha visto “justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”.

Bajo la Ley mosaica, Dios le ordenó a su pueblo que cuidara delos necesitados. Por ejemplo, Levítico
19:9‐10 le ordena a los israelitas que dejen las esquinas y los bordes de los campos para que recojan allí grano los pobres y cubran sus necesidades. Además, se espera de aquellos que tienen medios económicos que presten sin interés a los pobres, y cada cincuenta años, en el año del Jubileo, se cancelaban todas las deudas (Exodo 22:25‐27; Levítico 25:8‐54). Este sistema proporcionaba los medios para que la gente tuviera alimento. Muchas veces no hay en el día de hoy un nivel así de cuidado y preocupación por los demás, como en los tiempos bíblicos, pero lo que sucedía entonces nos recuerda que debemos cuidar de los necesitados (Salmo 37:26). _ Los que han servido a Dios fielmente durante muchos años pueden dar testimonio de su ayuda y bondadosa provisión.

Los versículos 27‐29 enfatizan la advertencia de Dios en cuanto a evitar el mal. Si obedecemos, no seremos abandonados. Esta verdad es una reflexión de lo que dice el versículo 23, cuya segunda parte depende de la primera. Los que siguen al Señor, cuyos pasos han sido ordenados por El, heredarán sus grandes bendiciones y estarán siempre bajo sufiel cuidado.

B. Coronados de esplendor Proverbios 16:31
Una vida larga y fructífera, donde se reflejen la confianza y la entrega a Dios, es digna de honra y distinción. Proverbios 16:31dice que el cabello canoso es una corona de honra. El escritor de Proverbios se centra en la longevidad a como recompensa por la justicia. Sin embargo, este principio habla de que principios como la paciencia, el dominio pro‐ pio y la integridad resultan en una buena salud física, mental y espiritual. También hay una promesa eterna reservada para todos los que pertenecemos a Dios. Los que hemos decidido andar con Cristo toda una vida, disfrutamos de esa esperanza
en esta larga y sinuosa jornada.

II . AUN HAY VICTORIAS POR GANAR

A. Un celo que no mengua – Josué 14:6‐14
En este pasaje del libro de Josué hallamos el cautivador ejemplo de un hombre que. ya en su edad avanzada. recuerda una vida de honra, la integridad y la firme decisión de
seguir cumpliendo con los propósitos de Dios (Josué 14:6‐9; véase Deuteronomio l:l9‐38).
Cuando la tierra de Canaán fue conquistada. Josué procedió a dividirla entre las tribus de Israel, tal como Dios le había ordenado a Moisés años antes. Mientras se estaban haciendo estas particiones, Caleb se presentó con una petición
especial. Junto con Josué y otros diez hombres. Caleb había sido nombrado por Moisés cuarenta y cinco años antes para que entraran a Canaán a espiar la tierra. Solo Caleb y Josué regresaron con un buen informe, confiados de que, con la ayuda de Dios. el pueblo podría conquistada.
Sin embargo, el pueblo de Israel, bajo la influencia de los amedrentadores informes de los otros diez espías, se negó a entrar en Canaán, y fue condenado a deambular por el desierto durante cuarenta años.
Josué 14 marca la primera mención de Caleb desde la muerte de Moisés. Como Josué, Caleb tenía ya una edad avanzada. Sin embargo, le recordó a Josué la promesa de que Dios les daría “la tierra que pisó,
y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová (Deuteronomio 1:36). Su anhelo de poseer estas tierras no había disminuido, por lo cual declaró que Dios lo había mantenido vivo hasta en espera de la llegada de ese día (Josué 14:10).Aunque Caleb era un hombre mayor, su fortaleza y su visión no habían disminuido (vv. 11‐12). Caleb estaba listo para seguir adelante en el cumplimiento de una promesa que Dios le había hecho cuarenta y cinco años antes.
Caleb reconocía que tendría que sacar de ahí a los anaceos (v. 12). A sus ochenta y cinco años, aún le quedaban tierras por conquistar. Y aunque no se menciona batalla alguna hasta el capítulo 15:13‐14, Caleb sí recibió 10que le fue prometido (14:13‐14). Aunque los cristianos de hoy no esperamos que se cumpla la promesa de una tierra física, sí sabemos que Dios quiere que participemos “de la herencia de los santos en luz” ‘ (Colosenses 1:12). Cual sea nuestra edad, nos conviene recordar que todavía tenemos victorias por ganar.

B. Continúa la productividad Salmo 92:12‐15
Cuando el salmista describe al justo en el Salmo 92:12‐15′, lo compara con las palmeras y cedros del Libano. Ambos árboles son símbolo de larga vida y de fortaleza. De igual manera, aquellos que llevan una vida justa son bendecidos con vitalidad, fortaleza y vida. “En los atrios de nuestro Dios florecerán” (Salmo 92:13).con los El salmista describe después cómo el justo seguirá dando fruto en su edad avanzada (vv. 14‐15). En cierto sentido, es una imagen de vitalidad espiritual, aunque falten las capacidades físicas. La vida de los justos proclama la grandeza de Dios, lo cual es un testimonio para
las generaciones más jóvenes.

Los cristianos de más edad pueden cumplir un fructífero ministerio. Su experiencia de vida hace que estén preparados de una manera única para prosperar en numerosos
papeles dentro del servicio al Señor. Los adultos de mayor edad pueden ser efectivos como maestros y mentores para los niños, los jóvenes y los adultos. Muchas veces, su disposición para el trabajo voluntario y su buen ejemplo son valiosos dentro de cualquier cuerpo de creyentes. Al participar en la vida de las generaciones más jóvenes y el servicio en diversos ministerios de la iglesia, los adultos de más edad pueden dejar en los demás un poderoso impacto que dará fruto durante muchos años.

III. Fieles en el servicio a Dios

A. Toda una vida de entrega – Lucas 2:25‐26

Lucas 2 contiene un conmovedor relato de algo sucedido después del nacimiento de Jesús que lo reafirmaba como el Mesías. El centro de esta historia es un hombre de edad avanzada que vivía en Jerusalén, llamado Simeón, del cual se dice que era justo y piadoso (Lucas 2:25). Se conoce muy poco de él, aparte de esta descripción. No hay indicación alguna de que desempeñara un papel especial en el templo de Jerusalén. Solo se dice que el Espíritu lo llevó allí el día en que Jesús fue presentado. Lucas solo lo distingue como un hombre que “esperaba la consolación de Israel (v. 25). Aunque algunos judíos se sentían escépticos en cuanto a la llegada del Mesías, con una incansable determinación, Simeón se mantuvo firme en la esperanza de su aparición. Según Lucas, el Espíritu Santo estaba sobre Simeón. Las Escrituras mencionan la presencia del Espíritu en la vida de Simeón en tres ocasiones diferentes en los versículos 25‐27. A través de estas descripciones, podemos llegar a la conclusión de que Simeón había cultivado una relación estrecha e íntima con Dios. En esa relación estaba incluida la promesa que Dios le había hecho de que no moriría sin antes ver al Mesías (v. 26). Simeón había tenido esa esperanza durante muchos años.
Aunque han pasado dos milenios desde que Cristo prometió que volvería, nos mantiene la seguridad de que El cumplirá su promesa. Es vital que aquellos que han servido a Cristo durante muchos años no titubeen en cuanto a declarar que su regreso se producirá. Es necesario que las generaciones futuras estén seguras de su realidad y sigan comunicando este mensaje de esperanza hasta el día que Cristo vuelva. Muchas personas oran por sus parientes y amigos que no conocen a Jesús como Señor. Otras oran por sanidad, provisión y dirección. Aunque es tentador desalentarse y echarlo todo a rodar, Dios honra la perseverancia en la oración.

B. Guiadas por el Espíritu Lucas 2:27‐33

De acuerdo a la costumbre de la Ley de presentar a los hijos en el templo de Jerusalén (Exodo 13:1‐2), José y María llegaron a los atrios del templo (Lucas 2:27). Simeón estaba en una sintonía tal con el Espíritu, que en ese mismo momento, este lo movió a entrar a esos atrios. Solo nos podemos imaginar la expectación que se debe haber agitado dentro de su espíritu mientras se dirigía a aquel lugar. Acercándose a aquella joven pareja con su niño, Simeón tomó a Jesús, el Mesías prometido, en sus brazos, y alabó a Dios (vv. 28‐32). Es significativo que Simeón se describiera como siervo del Señor. El consideraba su espera y su vigilancia como una asignación, un llamado de Dios, llamado del cual Dios lo estaba librando en ese momento. Este relato nos recuerda que Dios tiene planes para los suyos, cual‐ quiera que sea su edad. Podríamos decir que el encuentro con Jesús niño en el templo era el momento para el cual había nacido Simeón. A medida que su entrega a Dios y su sensibilidad al Espíritu se hacían más profundas con el tiempo, Simeón había llegado a un punto en el cual estaba espiritualmente listo para hacer uno de los pronunciamientos mas significativos de las Escrituras. Incluso hoy, Dios puede usar a aquellos que le han servido durante muchos años para hablarles proféticamente y con poder a las generaciones más jóvenes.

Entre algunos adultos ya mayores hay una tendencia a adoptar la actitud
de que por ser ancianos, ya son inútiles cuando se trata de cumplir los propósitos de Dios. Además, hasta es posible que haya quienes usen su edad como una excusa para echarse a un lado sin involucrarse en el servicio de Dios y de su iglesia. Sin embargo, ninguna de estas cosas es correcta.
Si usted es un adulto de la tercera edad, reconozca que hay muchas maneras de servir en la iglesia y en la comunidad, que pueden ser una gran bendición para otras personas, además de darle la gloria a Dios. El hecho de no querer involucrarse les roba a otros los beneficios que solo la experiencia de la vida que tiene una persona mayor les puede proveer. También le roba a usted el gozo de servir de una manera significativa y fructífera.
Si usted es joven, dedique un momento a examinar sus actitudes hacia los miembros de más edad de la iglesia. ¿Refuerza usted alguna vez esa actitud de que los hermanos y hermanas de edad tienen menos que ofrecerles a la iglesia y a la comunidad? Ore para que Dios le ayude a reafirmar el valor que tienen los cristianos de más edad.